Boldly Proclaim His Name

02-02-2020Weekly Reflection©LPi

“Now, Master, you may let your servant go in peace, according to your word, for my eyes have seen your salvation, which you prepared in the sight of all the peoples: a light for revelation to the Gentiles, and glory for your people Israel.” Very often, having more light is not something we desire as it forces us to confront something we really do not want to see. There can be comfort found in darkness. It has an eerie sense of security to it. We do not have to challenge ourselves or be challenged and can simply exist in some fabricated state of self-fabricated blissfulness. Jesus came to bring light, and it is a light that is resisted by many and hated by some. It is a light that causes us to see things as they really are and not as we would want or need them to be.

It is no wonder then that Simeon boldly and honestly proclaims to Mary, “Behold, this child is destined for the fall and rise of many in Israel, and to be a sign that will be contradicted and you yourself a sword will pierce so that the thoughts of many hearts may be revealed.” We have to take the Gospel message as it is and not just use those parts that are useful to us or more palatable. Taking Jesus at face value can and will lead to turmoil and dissention. Hearts will be pierced. Whether we like it, Jesus’ proclamation of what the world God created really ought to look like has real and absolute social implications.

It has a lot to say about how we treat our brothers and sisters: spiritually, personally, economically, and globally. It has everything to do with the poor, the immigrant, the scared, the unborn, the vulnerable, the sick, and the broken. The light opens us to a challenging, table-turning experience that may not be something we want to see but shows us where we need to be.

Jesús, luz del mundo

Cuarenta días después de la Navidad celebramos la Fiesta de la Presentación del Señor que narra la siguiente descripción según el Evangelio de San Lucas: “Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, tal como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley del Señor: una pareja de tórtolas o dos pichones.” (Lucas 2:22-24). Presentarse al templo para cumplir con la ley era un requisito muy importante para la familia de Nazaret. Allí, ellos encontraron al anciano Simeón, un hombre justo y temeroso de Dios, y Ana, sabia profetisa. Ambos reconocieron en Jesús la esperanza y la luz para el pueblo de Israel.

En este día se bendicen las velas que significan que Jesús es la luz del mundo. “La liturgia de hoy nos muestra a Jesús que va al encuentro de su pueblo. Es la fiesta del encuentro: la novedad del Niño se encuentra con la tradición del templo; la promesa halla su cumplimiento; María y José, jóvenes, encuentran a Simeón y Ana, ancianos. Todo se encuentra, en definitiva, cuando llega Jesús. ¿Qué nos enseña esto? En primer lugar, que también nosotros estamos llamados a recibir a Jesús que viene a nuestro encuentro. Encontrarlo: al Dios de la vida hay que encontrarlo cada día de nuestra existencia; no de vez en cuando, sino todos los días. Seguir a Jesús no es una decisión que se toma de una vez por todas, es una elección cotidiana.” (Papa Francisco) ¿Dónde se encuentra Jesús ahora?

BACK TO LIST