Discipleship is a Process

09-08-2019Weekly Reflection

It’s said that upon reading the Gospels, Gandhi commented that he very much liked Jesus Christ. It was Christ’s followers he found troublesome. One wonders who Gandhi had met and if these Christians had truly counted the cost of their faith. Following Jesus, really following Jesus, is much more challenging than we may think. He emphasizes this with strong language in this Sunday’s Gospel. He compares discipleship to the carrying of one’s own execution device — “his own cross” — and for the need even to “hate” what could disrupt one’s commitment. Some of this is standard hyperbole, exaggeration for effect common to the time period. Some of this should make us wonder how deep our discipleship goes.

“Which of you wishing to construct a tower does not first sit down and calculate the cost?” Jesus imagines this construction project gone wrong. Someone may lay the foundation but not have enough resources to finish. We’ve received the firm foundation of the sacraments — our baptism, for one, along with weekly Mass attendance and regular confession. Yet how often do we find ourselves too distracted, exhausted, or uninterested to truly build our lives on our faith? We have all met such Christians. Some days, we may be those Christians ourselves. We become the incomplete tower that confuses and baffles the onlookers. “This one began to build but did not have the resources to finish!”

For some of us, our cross may feel heavier than we expected upon the first lift. Building a tower means laying stone upon stone. It’s a process. We don’t arrive at completion overnight. Grace is always sufficient to provide the resources, but we need to keep saying yes to the task. This week, consider your own discipleship. What is one area where you’ve become distracted or discouraged? How can that improve this week? Let God lay another brick on the tower.

Toma Tu Cruz Y Sígueme

Mas allá de todo. Así da comienzo el Evangelio de este domingo, dejarlo todo para seguir a Jesús es el costo del discipulado. No hay vuelta atrás; sería una equivocación hacerlo. Es la experiencia del SI con mayúscula. El costo es grande comparado con cualquier cosa. Este es el punto; seguir a Jesús hasta Jerusalén va más allá de calculaciones humanas. Se paga un alto precio. ¡Dejarlo todo! Si, todo. Así lo explica Jesús a los que lo seguían es su tiempo histórico, y, en nuestro tiempo es también muy válida su explicación: “Si alguno quiere venir a mí y no se desprende de su padre y de su madre, de su mujer e hijos, de sus hermanos y hermanas, e incluso de su propia persona, no puede ser discípulo mío.” Y agrega algo más fuerte todavía: “El que no carga con su propia cruz para seguirme luego, no puede ser discípulo mío.” (Lucas 14:26-27).

Seguir a Jesús y su Reino es muy diferente a lo que se piensa y se calcula. Comprometerse al discipulado en las parroquias en las que sirven, en sus comunidades, debe ser una decisión de vida, no de momentos e ilusiones. Jesús, pide algunas cosas importantes para el seguimiento: Relación personal con Él, renuncia de uno mismo, compromiso total, e identificarse al modo de vivir de Jesús. El Papa Francisco dice: “Seguir a Jesús es exactamente esto: por amor, ir con él, detrás de Él: el mismo camino, la misma vía. Y el Espíritu del mundo será el que no tolerará y nos hará sufrir, pero un sufrimiento como el que pasó Jesús. Pidamos esta gracia: seguir a Jesús por el camino que Él nos enseñó. Esto es bello, porque nunca nos deja solos. ¡Nunca! Siempre está con nosotros. Así sea.”

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