Seeing is Believing

03-22-2020Weekly Reflection©LPi

“Do you believe in the Son of Man?” Jesus wants to motivate each one of us to see the truth. After developing a relationship with Jesus, the blind man “sees” as someone very special. The Pharisees, due to the blindness caused by their ignorance, prejudice, and need for self-preservation, still remain blind. Presuppositions, prejudices, assumptions, and our needs can easily blind us to truth. We see what we want or need to see and not what is really there. In addition, our stubbornness continues to convince us that we are right and that our vision is perfect. Only God can complete the picture.

Look around at our world. So much of what is happening today is due to the reluctance of folks to allow themselves to be stretched and brought to see what is really there. Many react to what life presents to them more with the lenses of ignorance than lenses of clarity. The Gospel carries great transformative value. With it, God corrects our vision and replaces our limited sight with the fullness of his sight. God opens our eyes so that we can see that it is not about preserving what we have created but of living in the immensity and wonder of God’s kingdom.

Through a simple, loving relationship with God, we can break through the tethers of prejudice, eradicate fear, dispel the darkness of hatred and sin, discover freedom, live in peace, work for justice, be effective stewards of creation, assist the migrant and the immigrant, and safeguard our economic systems and policies so that they truly serve all of God’s children. What we see is often an artificial lie. Our truth is much bigger than what our limited sight believes it to be. Allow God to work in and through you. Do not be afraid. Be open and be humble enough to know that you need help. Many human beings are living with severe cataracts that produce sight that is at best blurred. Are you one of them?

¡Creo Señor!

Estamos en un punto culminante de la Cuaresma. La semana pasada escuchábamos el dialogo entre Jesús y la mujer samaritana. Ahora, la Liturgia nos sitúa en el encuentro de Jesús con el ciego de nacimiento. Aquí, el Evangelio nos muestra varios niveles de conversación con diferentes personajes: El ciego, los fariseos, los judíos y los padres del hombre. Fijémonos que el centro de la conversación era sobre el poder ver. El ciego fue curado y todos se resistían a creer que veía. Estamos, ya, en el cuarto Domingo de Cuaresma y cabe que nos preguntemos lo siguiente: ¿Vemos realmente la gracia de reconciliación que nos da este tiempo? Sobre los milagros diarios que percibimos en la vida que Dios nos da, ¿los vemos?

La Cuaresma nos invita a la conversión y al encuentro con Jesús, en el cual nosotros escogemos seguir a Jesús o darle la espalda. ¿Cuál escoges? Somos hijos e hijas de la luz por el Bautismo. Dejemos, pues, que la Palabra de Dios penetre en nuestro corazón y digamos de rodillas como el ciego de nacimiento, “creo, Señor.” (Juan 9:38) Santa Teresa de Calcuta con la siguiente oración nos ayuda a que esparzamos el aroma de Cristo y con ello iluminemos al que nos rodea: “Dulce Jesús, ayúdanos a esparcir tu aroma donde quiera que vayamos. Inunda nuestras almas de tu espíritu y tu vida. Posee toda nuestra existencia hasta tal punto que toda nuestra vida solo sea una emanación de la tuya. Brilla a través de nosotros, y mora en nosotros de tal manera que todas las almas que entren en contacto con nosotros puedan sentir tu presencia en nuestra alma. Haz que nos miren y ya no nos vean a nosotros, ¡sino solamente a ti, oh Señor!”

Amén

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